Nancy Cunard: una inglesa maldita

La pasó bien en el París de los 1920s. La foto de Man Ray.

La pasó bien en el París de los 1920s. La foto de Man Ray.

Escritora, hereje y activista política, Nancy Cunard (1896 – 1965) fue una inglesa maldita. Normalmente, la idea de la “malditez” ha sido asociada principalmente con artistas hombres conocidos por sus excesos. Pero Alberto Hernando nos cuenta la historia de Nancy Cunard en Letras Libres y nos recuerda que ellas también se portaron mal: son consideradas malditas por suicidas (Alfonsina Storni, Antonia Pozzi, Silvia Plath, Virginia Woolf, Verónica Forrest, Anne Sexton), por sus amores lésbicos (Erika Mann, Katherine Mansfield, Gertrude Stein, Natalia Clifford Barney), por su adicción a los estupefacientes o el alcohol (Anna Kavan, Isabelle Eberhardt, Anne-Marie Schwarzenbach, Djurna Barnes, Dorothy Parker, Margerite Duras), por su desorden voluptuoso (María de Naglowska, Colette Peignot, Nora Mitrani) o por abismarse en la demencia (Unica Zürn, Alejandra Pizarnik, Leonora Carrington, Violette Leduc).

Y Nancy Cunard se ganó a pulso un espacio en esta alocada tribu. Pertenecía a una de las familias más eminentes de Inglaterra. Durante los primeros años de la Gran Guerra, con otros jóvenes de distinguidas familias londinenses, Nancy Cunard optó por una vida bohemia, libertina y alcohólica. En ese tiempo escribió sus primeros poemarios (Outlaws, Sublunary y Parallax). En 1920 se estableció en París, donde la fiesta fue imparable. Entre los muchos amantes que tuvo en esa época destacan Tristan Tzara, Ezra Pound y Louis Aragon. Fue musa de muchos, quienes la recrearon en sus historias: Hemingway (Fiesta), Aldous Huxley (Danza de sátiros, Contrapunto), Michael Arlen (El sombrero verde), Wyndham Lewis (The Roaring Queen) y Louis Aragon (Blanche o el olvido; El coño de Irene). En sus poemas la citan con nombre propio T. S. Eliot (borrador de La tierra baldía), Pablo Neruda (Vals) y Ezra Pound (Cantos). Dado su entusiasmo por la defensa de derechos civiles y causas políticas antifascistas, acudió a la Guerra Civil española como corresponsal del Manchester Guardian y la agencia de noticias Associated Negro Press. Su autobiografía se titula These Were the Hours Press, y fue publicada póstumamente. El alcoholismo y la vida agitada quiebra su estado físico y llega a perder la razón. Es internada en un sanatorio. Una vez dada de alta regresa a La Mothe, donde vivía. En marzo de 1965, todavía convaleciente de una fractura de cadera y con evidentes signos de extravío psíquico, viaja a París. Los pocos amigos que le quedaban trataron de ayudarla, pero se escapa del hotel donde la habían instalado. Unos días más tarde aparecerá inconsciente en la calle. Ingresada en el hospital público Cochin, morirá días después. Pesaba 26 kilos. La historia, sin embargo, quiere que la recordemos como aparece en la foto que le tomó Man Ray.

Escrito en la juventud, su poema Remorse anunciaba: “He sido pródiga, lasciva, alocada, atrevida/ y he amado con manos codiciosas e impúdicos ojos/ […] pero ahora soy vieja/ y estoy enferma y mal –me contento con el descontento–/ soportando el malestar y los reveses/ con la cabeza hundida y el corazón aún agitado…”

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Filed under CANON DE ARTES TOXICAS, LIBROS

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